En mi afán de develar todo lenguaje que represente algo mas que su significado inmediato y obvio, que despierte la intuición y un pensamiento menos fragmentado, me encontré o reencontré con esta forma de dialogo llamado astrología que desde hace mas de 15 años no deja de asombrarme y ese asombro es lo que le da sentido a mi vida.

Comúnmente se la define a la astrología como las relaciones cósmicas con los acontecimientos humanos sobre el planeta Tierra, no solo de su existencia en sentido general sino también en el sentido particular del individuo y su historia con los sucesos exteriores y el contenido subjetivo (dolor, placer, amor, odio, esperanza). En otras palabras, se trata de la influencia vibratoria que ejercen los planetas y como reacciona el hombre ante ellas, en entornos determinados, con su equipo físico, psíquico y emocional.

Pero a mi me gusta la clasificación de ciencia oculta,  no por que su contenido a sido secreto por mucho tiempo y reservado para una minoría de “elegidos” sino  por que lo que determina que esta ciencia sea “oculta” es que la fuente del saber se encuentra dentro del ser humano y su premisa es “ser uno con todo lo existente”. Esta definición habla de un lenguaje oculto dentro de nuestro propio Ser y en nosotros esta en la decisión de saber mas o no, de decidir avanzar en la ruta de “Ser Humano”, en una tarea de autoconocimiento, sirviéndonos de este lenguaje, que solo se revela cuando comprendemos que somos parte de todo,  que todo ejerce una influencia sobre nosotros. Y que nuestra forma de pasar por esta vida es el resultado de este presente y un pasado con sus arquetipos. Por esta índole seguirá siendo para muchos oculta y para otros un sistema de comunicación de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.

Este proceso de conocimiento lo explica el maestro hindú Ramakrishna con una analogía. Los seres humanos podemos ser una piedra arrojada al agua, ésta baña la piedra pero no la penetra, siempre serán dos extraños y jamás podrán comunicarse; pero podemos ser también una piedra de sal arrojada al agua, la sal se disuelve, se funde en el agua, ambas, sal y agua se hicieron uno. Entonces conocemos los secretos del agua aunque solo sea un grano de sal en el mar. Pero nosotros los seres humanos con nuestra forma de aprender en realidad no somos ni la piedra ni el grano de sal, somos un trapo en el agua, el trapo no se encierra a si mismo y tampoco se disuelve, sino que toma tanta agua como puede y como el trapo, nosotros tenemos acceso a la comunicación consigo mismo según  un equipo físico, mental y emocional pero por sobre todo esto por el anhelo de absorber mas y por la capacidad de no dejar de asombrarnos de lo poco que sabemos del Universo.

La astrología se vale de la analogía y así es que, conociendo las leyes del cosmos podemos conocer también por analogía las leyes de nuestro microcosmos. Como el ejemplo bastante practico de la Luna y las mareas, todos sabemos que la Luna y sus movimientos en relación a la Tierra, rige o mueve las mareas, mueve los líquidos del planeta. ¿Entonces por que no podría actuar sobre la gran masa liquida dentro de nuestro cuerpo?

“Lo que esta más arriba es como lo que esta mas abajo” Esta es otra premisa de la Astrología. Por analogía entonces el cuerpo humano es una envoltura a imagen y semejanza del Universo, cada órgano o parte de nuestro cuerpo tiene su correspondencia celeste. Lo que es ritmo y pulsaciones en mi cuerpo es la misma armonía dinámica de las estrellas. Y lo que sucede en la bóveda celeste al momento de nacer y con la primera respiración del niño, puede ser representado con imagen simbólica en un mapa natal. Toda la energía que vibra en ese instante único se sincroniza con las situaciones que deberá experimentar el ser, vinculándolo primero con su cuerpo, luego con sus padres y mas tarde con sus circunstancias.

Pero siempre hay alguien que pregunta ¿y el destino? ¿Entonces ya están marcadas las situaciones por las que tenemos que pasar? ¿Hay un destino? El destino en realidad es como vivimos las situaciones, el color con el que miramos y vivimos el día a día. No es el objetivo de los acontecimientos sino la manera en que dichos acontecimiento me ocurren “a mi”. El destino en realidad también deviene de la capacidad de elegir modificar ciertos sucesos coloreándolos según la personalidad.

La astrología en síntesis es la doctrina que inserta al hombre en las leyes del universo y en la totalidad del cosmos pero el hombre tiene el poder alquímico de transformar  lo inferior en lo superior a través de los estados de conciencia, solo hay que romper las vallas que nos mantienen presos y alejados del conocimiento. Las capacidades de atraer los mensajes “ocultos” también dependen de nuestras elecciones y como dijo Goethe… “He sido de por vida un alquimista”