Mandala: cuando el punto de partida es el retorno

El zodiaco es un diseño mandalico que,  básicamente esta compuesto por un circulo que representa lo infinito, aquello sin forma, la energía, lo espiritual  y una cruz superpuesta que  divide al circulo en 4 simbolizando la forma, lo limitado, la materia. Solo estos dos elementos están representando una tensión entre aquello que tiene forma y lo que no, entre el alma y la personalidad. Es un diseño de movimiento continuo e integral, nunca separa en fragmentos, y todo lo que parte de su centro también esta de vuelta. En el punto central esta contenida la esencia o la energía que necesita manifestarse en los alrededores y todo lo que deberemos vivenciar  para comprendernos divinos.

 Cada vez que tomamos un tiempo para meditar  reflexionar decimos que “nos centramos”, pero en la vida cotidiana nuestra conciencia se acerca mas a los bordes del circulo y se divide en múltiples espacios. En el trabajo soy de una forma, para mi hija debo ser  la madre, esposa para mi pareja, y hasta cuando cocino mi cerebro esta dividido en múltiples acciones. Pero como nuestros días, el mandala es dinámico, es un símbolo  en el cual a veces estamos en el punto central y a veces “afuera”.

No intento descifrar el antiguo enigma de la “cuadratura del círculo” pero lo que mas me interesa es que, al dibujar un mandala parecería que partimos desde el centro pero sin embargo representa la vuelta a casa, la vuelta del Ser.  Un mandala es un símbolo que aparece cuando el individuo logra hacer un contacto entre el pensamiento  cotidiano  y una conciencia más amplia. Allí radica la función orientadora de la astrología

Lo interesante de la permanencia en el centro o de la estabilidad de conciencia es que en ese estado podemos ser parte de lo cotidiano sin dejar de ser, con esto quiero decir que sabemos lo que pensamos sentimos y decimos, seguimos participando de las tareas y responsabilidades diarias pero no somos parte de la “masa”, cuando solo vivimos inmersos en el afuera, en la vorágine de lo cotidiano y material ya no damos espacio al pensamiento propio y cualquiera puede pensarnos y  ni siquiera podemos espiar  lo sagrado que esta en nuestro interior.

Pero como no somos perfectos, lo importante no es permanecer  en el centro todo el tiempo sino intentarlo y el zodiaco a la manera de un psicocosmograma nos recuerda que somos dioses dormidos