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“Mi  trabajo está conectado con las artes chinas. Dominan los movimientos hacia  abajo, hacia la tierra, las raíces y los circulares. La respiración y el flujo  de energía son las bases. Los bailarines no hacen una representación, sino que  se remiten a su mundo interior. No proyectamos hacia una audiencia, sino que la  traemos con nosotros al escenario. El público termina respirando a nuestro  ritmo”.
Hwai-min señala :”El  movimiento empieza desde dentro hacia fuera y desde abajo, arranca en el perineo”.  “Si el bailarín occidental es como un Ícaro que va siempre hacia arriba,  que se eleva como las iglesias católicas, nosotros vamos pegados a tierra, en  horizontal, como la Gran   Muralla, obteniendo de la tierra, la fuerza. Las rodillas  siempre flexionadas y un movimiento no vertical, sino con la energía fluyendo  en forma de ocho, creando espirales, como en la caligrafía pero sin trazos  directos,  con un gran énfasis en la  respiración.”