En su estudio de personas que dieron forma al siglo xx Howard Gadner descubrió que “A los veinte años Picasso podía pintar tan bien como cualquiera en el mundo; a esa misma edad Einstein podía hacer física tan bien como cualquiera en el mundo”, tenían algo en común que parece haber sido una frescura infantil en la manera de abordar su trabajo. “Captaban algo de lo que era ser un niño, tanto en el sentido de ser libre explorador de un ámbito, alguien con el mundo entero abierto ante sus ojos, como el de sentirse intrigados ante el tipo de cosas que intrigaban a los niños” La creatividad se arraiga primero en la infancia pero se nos enseña junto con los demás características de la niñez que debemos dejarla atrás. Los niños no son adultos pero son profesionales del juego y del trabajo de experimentar.

¿Puede ser recuperada esa chispa de curiosidad infantil? Yo estoy convencida que si.