Si tuviéramos la posibilidad de ver el planeta solo desde uno de sus polos advertiríamos que se asemeja al símbolo del Sol, la conciencia (un circulo con un punto central). Pero la conciencia de la que nos habla Saturno va más allá de este presente y obliga a conocer con sufrimiento o responsabilidad el resultado de nuestros accionar o de nuestra inercia.

Cuando nos negamos a ello nos sumimos en los aspectos negativos de este ser y adoptamos una calidad de monotonía que auto inhibe toda posibilidad de avance. Saturno en casa 7, la casa que se relaciona con los otros, el matrimonio y la sociedad, es un ejemplo muy explícito y generalmente se vive como tristeza o decepción sintiendo a la  pareja fría y exigente por que así suponemos que lo marca el destino. En esta casa todo es culpa de otro pero en realidad esa posición del planeta es parte de la energía del sujeto de la carta que tiende a la soledad a no demostrar o compartir y la elección de la pareja es solo el reflejo de esa lucha

Es interesante la definición del astrologo Bil Tierney cuando dice que Saturno  es la versión cósmica del colágeno, por que suministra la cohesión en todos los sentidos, uniendo las acciones del pasado y sus futuras consecuencias. Saturno tiene metas más importantes para nosotros que a veces desconocemos y estas se alcanzan solo cuando logramos un nivel de madurez y responsabilidad,  hilando como un collar de perlas cada acción y su consecuencia  para aprender. Saturno nos hace sufrir cuando queremos ser parte de la masa sin ser concientes de “el uno mismo” o  nos enfrenta a las situaciones verdaderamente reales. Si ya veníamos trabajando en la tarea de transformación, cuando pasa, solo seguimos con la tarea, pero cuando queremos seguir gateando como bebes, este planeta pasa y nos saca todo lo que no es necesario por que es su deber enseñarnos a caminar erguidos.

Aprender de nuestros errores y no culpar a otros por ello acelera el proceso de maduración.