Una Leyenda escrita en una tarjeta de un amigo invisible, de quien sabe quien…

Había una vez un pintor que amaba los rostros humanos, iba por el pueblo observando y luego, en soledad, recreaba los rasgos de quienes había visto tornándolos hermosos. Extraía de ellos lo bello.

Un día murió y en presencia de Dios se quejo de no haber tenido más tiempo para su arte. El Señor le dijo: “Tengo una misión mas importante para ti. Desde ese día, el artista dibuja en el cielo los rostros que los niños tendrán al nacer.